sábado, febrero 02, 2008

El DERBY, fetiche y sobrevivencia

por José M. Santa Cruz G.
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Cada vez que en el horizonte se acerca un clásico importante en el turf local, sean estos de la Triple Corona Nacional o algún Grupo 1, una serie frases fetiches de los periodistas o comunicadores hípicos hacen gala de una serie de lugares comunes que tienden a encubrir la propia carrera y en que contexto se desarrolla ésta, entendamos contexto por todo aquello que hace posible que una serie de caballos conducidos por un grupo de jinetes, se presenten en la pista de carrera y posibiliten las apuestas de un gran grupo de jugadores y público.

El Derby, el clásico más importante del Valparaíso Sporting Club y que es la última etapa de la Triple Corona Nacional, hace gala no solo de una innumerable cantidad de carreras, 24 partidas que comienzan a eso de la 11 hrs. sino que de un inmenso aparataje mediático, que conjugan las amplias necesidades ediles de la municipalidad viñamarina por contar con una gran cantidad de eventos y actividades en la temporada veraniega, como a su vez del interés de ciertos medios de prensa por levantar a este clásico como la más importante carrera de la hípica nacional. Sin entrar en la problemática si es o no es la carrera más importante, cosa que tiende a ser parte de las rivalidades propias entre centralista y regionalista en Chile. El asunto sería identificar que se esconde en la trasparencia del discurso de la hípica, en este caso en relación al fetiche hípico del Derby Day.
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La hípica nacional ha tenido un profundo proceso de modernización en sus estructuras de desarrollo, el cual desde inicios de los años ochenta ha puesto su mira en posicionar a la hípica en el mercado global, ese posicionamiento se entiende principalmente en el colocar caballos en Estados Unidos principalmente. Que se diferencia radicalmente en procesos de modernización anteriores, donde tanto preparadores, dueños y jinetes se internacionalizaban en el fortalecimiento de la hípica latinoamericana, por ejemplo la edificación de la hípica brasileña, ecuatoriana y las influencias en la hípica argentina, entre otras. Ambos procesos de modernización implicaban dos lógicas muy diferentes en relación a la crianza, el espectáculo, las apuestas, etc.

El proceso actual, dirigido por los hipódromos capitalinos, en especial, por la familia Solari-Falabella, que dirigen los directorios de ambos recintos santiaguinos, piensa la hípica como exportación de materias primas, en este caso caballos, donde los grandes haras cumplen un rol fundamental, ya que los pequeños no tienen una producción importante, y de calidad muchas veces, para hacerse parte del flujo global equino, por lo cual todas las políticas de incentivo a la crianza están apuntadas a la concentración caballuna de estos haras. Al mismo tiempo, han comenzado una desestructuración de la infraestructura hípica a nivel chileno, donde muchos de los actuales recintos han sido desmantelados, entiéndase por esto el Hipódromo de Peñuelas, la venta de los terrenos del Club Hípico de Mediocamino en Concepción, por no nombrar el abandono de la hípica en Arica y Punta Arenas, y sumado a esto los constantes rumores de fusión del ambos recintos capitalinos.

Podríamos pensar que la imagen de la hípica chilena de aquí a un poco más de 10 años será, un hipódromo central en Santiago, lo más probable el Club Hípico de Santiago, con una de sus pistas de arena y dos dependientes en el mejor de los casos, que serían el Club Hípico de Antofagasta y el Valparaíso Sporting Club. Donde se desarrollarían tres a cuatro días de carrera en la capital (jueves, viernes, sábado y domingo) y el resto de los días se los dividirían entre los dos restantes. Una mezcla entre el sistema de la hípica panameña, el que concentra varias jornadas seguidas de carreras en la semana, y la argentina que tiene como único dependiente al Hipódromo de La Plata. El otro escenario sería justamente este último, seguir el modelo argentino de tener dos centros en la capital y uno en regiones.

Dentro de este panorama que se va sucediendo día a día, la estrategia de sobrevivencia del Valparaíso Sporting Club ha sido arrebatarle el valor simbólico de lo que significa la hípica en el imaginario social, tanto al Club Hípico de Santiago como al Hipódromo Chile. El Derby Day, arremete mediática y socialmente como el lugar de las carreras de caballo, el día de la hípica nacional, la fiesta por excelencia de los burros. La competencia radica principalmente en el marco de público, es decir es una fiesta para la gente, cosa que no ocurre en el Club Hípico, que piensa en la cantidad de apuestas y no en la cantidad de personas que llegan a la pista, al colocar sostenidamente los clásicos de Grupo 1 en días de semana. Como en la cantidad de carreras, ya que es el único día del año en que hay tantas competencias en un día, lo que hace que se transforme en un día diferente, recordable, entrañable. Entre muchos otros factores que se edifican más en el valor simbólico, que en particularidades estadísticas o económicas, como si las piensan los regentes de la hípica nacional.

Esta sobrevivencia simbólica, provocará un efecto en la realidad bastante dramático para los responsables del Derby, que será que en ese día recaudarán gran parte del dinero que les permitirán sobrevivir el resto del año, lo cual se hace evidente, en el deterioro de las instalaciones del hipódromo, como en premios para las carreras bastantes precarios, el estado de la pista que denota el uso excesivo y la poca mantención. No por falta de interés, sino más bien por la carencia de recursos para sostener la actividad en la V Región.
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Podríamos pensar, que actualmente la hípica chilena no se piensa para desarrollar un espectáculo local, sino más bien para ser parte de un espectáculo global, del cual los únicos que los protagonizan son las hípicas que tienen un fuerte desarrollo local o los países que concentrar tantas riquezas personales que pueden saltarse los procesos occidentales de conformación de una actividad o industria, como son los Emiratos Árabes Unidos, más reconocidos en el mundo hípico por uno de sus principados, Dubai. El resto tienden a participar de un flujo intermitente, periférico.

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